El vertiginoso avance de la ciencia y la tecnología en el ámbito de la medicina regenerativa plantea interrogantes fundamentales para los sistemas de salud a nivel global. Con el objetivo de analizar este panorama, el Curso Bioética y Salud Pública del Doctorado en Salud Pública de la Escuela de Salud Pública, Departamento de Bioética y Humanidades Médicas de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, Red MedGeno organizaron el Coloquio Internacional titulado "¿Qué ponemos en juego en las terapias con células madre? Perspectivas éticas en salud pública".
La conferencia principal estuvo a cargo del Dr. José Inzunza, PhD, Docent, Senior Researcher y Associate Professor, Director de la Stem Cell and Organoids Facility de la División de Microbiología Clínica del Departamento de Medicina de Laboratorio del Karolinska Institutet y del Karolinska University Hospital, Suecia.
Durante su intervención, el especialista detalló los avances técnicos en este campo, diferenciando claramente entre el uso de células madre de origen embrionario, que son pluripotentes, y las células humanas inducidas, originadas a partir de la reprogramación de células somáticas. Explicó cómo estas herramientas celulares, sumadas a la innovadora técnica de edición genética CRISPR (Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Espaciadas, por sus siglas en inglés) y las terapias CAR-T (células T con receptor de antígeno quimérico), están abriendo nuevas esperanzas clínicas; actualmente se investigan y aplican para el tratamiento de la leucemia, enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer, y diversas afecciones autoinmunes.
Sin embargo, el experto también fue enfático al advertir sobre las limitaciones actuales de estos prometedores tratamientos, señalando que los costos de producción y de escalabilidad son muy altos, que existen riesgos de rechazo inmunológico y que aún faltan datos de consistencia a largo plazo para evaluar completamente su eficacia. Para superar estas barreras y lograr que las investigaciones lleguen a los pacientes, Inzunza defendió el rol de las empresas de biotecnología como puente necesario, argumentando que "las compañías dan progreso" y son esenciales para financiar las patentes y escalar estas innovaciones desarrolladas inicialmente en la academia.
En cuanto al debate ético, el especialista hizo especial hincapié en la necesidad de no frenar el desarrollo científico. Advirtió que "la regulación tiene que ir también de la mano con los investigadores" y que "no tiene que ser una regulación que prohíba mucho, que deje el camino para que haya innovación, porque si prohibimos cosas vamos a amarrarnos las manos y nos vamos a quedar muy atrás".
La urgencia de un marco normativo centrado en la justicia y las personas
La jornada fue moderada por la Dra. Valentina Fajreldin, académica del Programa de Políticas, Sistemas y Gestión de la Escuela de Salud Pública, quien destacó la profundidad de los temas tratados al señalar: "Este es un tema realmente fascinante, con múltiples aristas. Hemos echado a volar la imaginación al escuchar tu presentación".
El debate posterior profundizó en las deficiencias regulatorias de Chile y en las barreras de acceso a la salud. El Dr. Álvaro Hevia, coordinador de Ética y Bioética de la Universidad Central, enfatizó los dilemas morales del origen de los tratamientos y sus altos costos, indicando que "el primer problema estaría ahí, en el origen de las células, en la obtención, sobre todo cuando es en células de origen embrionario". Además, hizo un fuerte llamado a cambiar el enfoque hacia una justicia estructural, proponiendo "pasar de la justicia en el sentido distributivo, que es lo clásico de la bioética, a la justicia sustancial, que sería como establecer sistemas que no sean excluyentes de por sí mismos, para que este tipo de terapias estén efectivamente disponibles para la población en el sentido universal".
Por su parte, la Dra. Blanca Bórquez, abogada y académica de la Universidad de Chile, alertó sobre la preocupante desactualización de las leyes chilenas en la materia y la mercantilización de la medicina. En su intervención, recordó un principio fundamental: "El conocimiento y las técnicas siempre deben estar al servicio de las personas, y no transformar a las personas en un medio para conseguir otros fines". Asimismo, sugirió que "mientras no hay regulación, tenemos que hacer un proceso de autorregulación", el cual debe basarse en la formación de profesionales con pensamiento crítico y bases éticas sólidas.
El impacto político de la investigación también fue un eje central del encuentro. Durante las palabras de cierre, el Dr. Ricardo Verdugo, director de la Red MedGeno, explicó el rol de esta iniciativa interdisciplinaria, declarando que "a diferencia de otras redes, nosotros no buscamos solo generar conocimiento, que es lo que ya hacemos, sino que más bien nuestro objetivo es incidir en la toma de decisiones por parte de los actores políticos".
Finalmente, la Dra. Marinella Mazzei, directora subrogante de la Escuela de Salud Pública, quien valoró la riqueza del debate generado y los desafíos futuros de la medicina. A modo de conclusión, señaló: "Me quedo con el potencial también preventivo que tiene este tipo de terapias y otras", subrayando el imperativo de "avanzar con regulaciones de todo tipo... que no nos lleven a cosas falsas, pero que también nos permitan avanzar, pero en un marco claro, transparente y regulado".
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