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Columna de Opinión: Dr. Marcos Vergara

Perfil del Egresado

Perfil del Egresado

Creemos que estamos echando al mundo año tras año a varias decenas de nuevos salubristas que ostentan el título de Magísteres en Salud Pública. Nuestro programa es lejos el más demandado en la materia en Chile y postulan a él todos los años el doble de la cantidad de personas que finalmente ingresan (cerca de 50), debido al prestigio y trayectoria que tiene el programa, acreditado la última vez por seis años. Esto es inédito en la realidad de programas semejantes en otras universidades. Tenemos, por cierto y como suele suceder, tasas de graduación que nos resultan insatisfactorias y nos desvelamos por conseguir que los estudiantes se gradúen, por la importancia que aquello tiene para sostener la acreditación de nuestro programa y, por sobre todo, por la importancia que tiene poblar de salubristas el país.

Vamos a esto último, pues hay al menos dos temas que tratar en la materia. Uno es la tasa de graduación, que refleja que no todos quienes ingresan finalmente egresan. Se queda gente en el camino, lo que es malo para todos, para nosotros, para las instituciones patrocinantes y para los propios estudiantes, algunos de los cuales se arrepentirán más delante de “haberse dejado estar” y volverán a golpear nuestras puertas. Y para Chile. Pero para Chile, tras haber sido testigos de la revuelta sanitaria pública que se ha desprendido de la pandemia, donde incluso algunos de nuestros egresados han sido protagonistas, nos hemos quedado con la amarga sensación de que nuestra autoridad sanitaria formal es frágil y de que Pedro, Juan y Diego se sienten con la libertad de opinar de lo que se les viene a la cabeza. Estarán en su derecho, qué duda cabe, pero no se trata sólo de espetar legítimas opiniones sino de construir salud pública con rigor y contribuir al logro de los mejores resultados colectivos, como fue la tradición de la salud pública chilena. Y esto último requiere de las competencias apropiadas. Y tales competencias se desarrollan en los procesos formativos de los cuales somos importantes protagonistas en Chile. Y llegamos por fin al famoso “perfil del egresado”. ¿A quién estamos formando y para qué?

Como otros de mis colegas del Claustro Académico, he revisado a lo largo de los años varios centenares de antecedentes de postulantes al Magister de Salud Publica de nuestra Escuela (me cuesta llamarle Instituto de Salud Poblacional, porque me resulta cursi y ajeno). He leído centenares de cartas donde los alumnos manifiestan las razones de su interés por ingresar al programa y solo una pequeña porción de aquellas nos han hecho pensar: “aquí hay un potencial salubrista detrás de estas palabras”. La mayoría de las veces se levantan argumentos que confunden la disciplina de la Salud Pública (el “salubrismo”) con la provisión de servicios en el sector público de la salud. Y muchas veces estos argumentos son acompañados de consideraciones relativas a la equidad en la asignación de los recursos, donde los postulantes primero se conmueven por las necesidades y la sacrificada asistencia brindada a los más pobres, no obstante a veces visualizan un problema estructural de la sociedad chilena que no es difícil reconocer, en particular para quienes somos salubristas y sensibles a la materia. Quizás es este punto donde más cerca suelen encontrarse los postulantes a las “razones de la salud pública”. Muchas veces, hace falta también decirlo, las razones del postulante suelen estar impregnadas de las “razones de los gremios”, que reclaman por los espacios y recursos para el mejor ejercicio de su propio trabajo. Este es, en definitiva, el sujeto que golpea nuestras puertas.

Como solo la minoría de los postulantes son “potenciales salubristas detrás de las palabras”, como hemos dicho antes, la pregunta que cabe sería ¿en qué queremos transformar a estos estudiantes que no son evidentes potenciales salubristas, por lo general jóvenes, para ponerlos a disposición del país? Primero, queremos que distingan perfectamente bien la disciplina de la Salud Pública, de la cual son exponentes, del trabajo que se realiza para la prestación de servicios en el sector público de la salud. Son cosas distintas; lo que preocupa al salubrista es la salud colectiva, el ejercicio que conduce a la ganancia de más años de vida saludables, de mayor bienestar social. La provisión pública de servicios de salud es un elemento más dentro de las determinantes sociales que contribuyen al mentado propósito. Y ya que estamos aquí, segundo, queremos que comprendan que la pobreza y la distribución de los ingresos (o de la riqueza), siendo tan relevante como es, corresponde a uno de muchos determinantes sociales de la salud que finalmente importan(educación, vivienda, medio ambiente, etc.) y que suelen estar por fuera de las disponibilidades presupuestarias del sector, lo que agrega a la complejidad de la tarea de la salud pública. Y, en tercer lugar, que es necesario despojarse de la tenida del gremio y comprender a la disciplina de la Salud Pública como una transdisciplinaria, que supera los intereses gremiales de las carreras vinculadas a la salud (orientadas en el pregrado, por lo demás, a la provisión de servicios y, en el caso de los médicos, a la especialización clínica) y que convoca a ponerse la nueva tenida, la del agente sanitario que al país tanta falta le hace.

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