Durante su visita a Chile, Rafael Buralli profesor y PhD de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de São Paulo, participó en la I Escuela de Primavera sobre Plaguicidas y Justicia Ambiental organizada por la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile y que contó con el apoyo de la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina. El encuentro permitió evidenciar el impacto de los pesticidas en Latinoamérica, haciendo hincapié en las y los niños, sus familias y las necesidades de establecer parámetros de vigilancia epidemiológica necesarios para el cuidado de la población y su territorio.
-¿Cómo se aborda el impacto ambiental en las comunidades y en particular en la infancia expuesta a plaguicidas?
La idea de hablar sobre la infancia contaminada es para atraer la atención sobre cómo los niños, especialmente los que viven en áreas rurales, están expuestos a una carga muy elevada, muy intensa de pesticidas por múltiples fuentes. La exposición de estos niños empieza incluso antes del nacimiento, cuando las mujeres embarazadas trabajan expuestas a pesticidas o cuando viven en áreas rurales donde están constantemente expuestos a estos químicos por múltiples fuentes
Otro ejemplo de exposición, es cuando los niños muy pequeños no pueden quedarse solos en las casas, principalmente en los hogares de las familias que trabajan expuestas a pesticidas, y son llevados a las áreas de plantío, donde están expuestos, es decir, crecen expuestos, y empiezan a trabajar en estas áreas expuestos a pesticidas muy temprano en sus vidas. Y siguen trabajando, viviendo y conviviendo con estos pesticidas desde múltiples fuentes de exposición.
-¿Esta realidad es exclusiva de estas realidades, o es algo transversal?
Tengo estudios en Brasil, pero también en Chile, en Argentina y lo que he escuchado hablando con muchos investigadores que trabajan en estos temas en Latinoamérica, es que la realidad es muy similar. La alta exposición de familias, de trabajadores, de poblaciones vulnerables y no solo de quien vive en las áreas rurales, sino también de todos nosotros, en las ciudades, por los alimentos, por el agua. Son múltiples químicos y múltiples fuentes de exposición a las que todos nosotros estamos expuestos.
-¿Cómo desde la investigación y la academia se puede trabajar frente a la denominada injusticia ambiental, que tienen los territorios que estás señalando?
Creo que hay ahí dos temas importantes. Uno de ellos es la superposición de vulnerabilidades. Por ejemplo, un hombre que trabaja con plaguicidas en un área rural vive y experimenta la exposición distintamente de las mujeres. Si es una mujer, por ejemplo, indígena o una mujer negra, también sufre distintamente. Entonces, cómo la pobreza, cómo los datos de migración, los géneros y cómo estas situaciones de vulnerabilidad se sobreposicionan a la exposición a los plaguicidas y reflejan un mayor impacto a la salud.
Y también cuando hablamos de los determinantes sociales, que nosotros podríamos llamarles las causas de las causas, que no es directamente, por ejemplo, solo una exposición a un químico, que ya es prohibido en Europa, pero sigue siendo vendido a nuestros países, sino como una combinación de factores sociales, estructurales, políticos, que al final exponen a la gente a una carga mucho más elevada y de químicos, por ejemplo, que otros países ya no producen más.
-¿Y qué pasa ahí con la vigilancia epidemiológica? Porque ya señalabas tú, que hay pesticidas o químicos que están prohibidos, pero acá todavía están permitidos. ¿Por qué se producen esa diferencia y ese impacto también en la salud?
Sí, esto es un buen punto. Y desde el punto de vista de la vigilancia, hay que dar visibilidad al problema, no solo desde la vigilancia epidemiológica, que se entera muy bien de los impactos a la salud, de los riesgos que las poblaciones están vivenciando, sino de una vigilancia que va desde el impacto a la salud hacia el riesgo, hasta la vigilancia de los territorios, de la calidad del agua, de la calidad de los alimentos, una vigilancia que podríamos llamar vigilancia de la salud ambiental, también incluye la vigilancia de los ecosistemas, de los pájaros, de las abejas y todo esto. Entonces, necesitamos partir de una vigilancia de los impactos sobre la salud hacia una vigilancia de la exposición de los territorios, de la vulnerabilidad de la gente y de cómo los factores como la pobreza influyen también en las exposiciones, en el riesgo y en los impactos a la salud.
-¿Cómo está Chile en ese sentido? ¿Cómo va el trabajo de la vigilancia? ¿Cómo va el trabajo con los territorios respecto a disminuir estas inequidades también de justicia y de tener un medio ambiente y una salud óptima?
Yo escuché de algunos avances desde el punto de vista político de la vigilancia, del ambiente y de la salud, pero creo que aún tenemos mucho que avanzar en la disponibilidad de la información. Acceso a la información, por ejemplo, sobre el uso de pesticidas por parte de la municipalidad. Por ejemplo, creo que hay mucho que avanzar en la disponibilidad y en la vigilancia de los alimentos, de la calidad del agua, del suelo, del aire, porque los pesticidas que son usados acá, no quedan restringidos a ese espacio, van por el agua, por el alimento, por el aire. Hay mucho que mejorar en esto, en la evaluación de los niveles de pesticidas y la transparencia de la información.
Otra cosa es la regulación desde el punto de vista de los niveles que son permitidos de cada pesticida. Las normativas; por ejemplo, en permitir o no un tipo de pesticida que ya fue asociado a muchos efectos adversos en la salud. Hay mucho que avanzar ahí en el tema de tener en nuestros países, en Chile también, regulaciones más restrictivas que protejan más la salud de las personas. Otra cosa que creo que hay mucho que avanzar acá en Chile también, y en Brasil, es el tema de la capacidad de los laboratorios de responder a estas presiones. Tener laboratorios de salud pública que sean capaces de evaluar la calidad del agua constantemente, de evaluar los niveles de pesticidas en las personas, en orina, en sangre, en pelo, etc. Pero aún tenemos mucho que avanzar. No solo en Chile, sino en toda Latinoamérica.
Generando redes de colaboración académica y de investigación con la Escuela de Salud Pública
¿Cómo nace esta necesidad de establecer más formalmente esta red con la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile?
Vamos a volver un poquito algunos años atrás, cuando en 2018 yo hacía mi doctorado en la Universidad de São Paulo, en Brasil. Fui contemplado con una beca de internacionalización del gobierno de Chile, con la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, para venir y hacer una parte de mi doctorado acá. Y desde entonces, desde esa fecha, sigo trabajando con la gente de la Universidad de Chile, específicamente con la Facultad de Medicina.
Y bueno, desde el año pasado estoy como profesor en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de São Paulo y, contento con la experiencia súper exitosa que tuvimos, súper fructífera que tuvimos con años de colaboración, nos vino la idea y el deseo de formalizar un convenio para promover nuestros programas de posgrado en la Facultad de Salud Pública de la USP, Universidad de São Paulo, con la Universidad de Chile.
Nosotros planeamos entonces con esto fortalecer las oportunidades de investigación, la movilidad académica, no solo de los académicos, sino también de los estudiantes, de posgrado, pero también de pregrado, y las posibilidades de co tutela, que los estudiantes de acá de Chile vayan a Brasil para instancias de corta, o de media duración, y la posibilidad de trabajar en proyectos juntos, proyectos de investigación, de extensión, la participación en los programas de conclusión, las tesis, las disertaciones. Es para abrir un espacio, fortalecer las relaciones, las colaboraciones, y el intercambio académico en las dos instituciones que están entre las más grandes de América del Sur.
-¿Cuáles son las actividades futuras que contempla esta nueva alianza internacional?
El convenio fue firmado recién por la Facultad de Salud Pública y acá en la Escuela de Salud Pública en Chile, gestionada por la Dirección de Relaciones Internacionales de la Facultad de Medicina, y ahí estamos trabajando en esta ruta de acción. Estamos elaborando un cuestionario, una encuesta breve para los académicos de Chile y de Brasil, que va a identificar sus intereses, si tienen ahí alguna colaboración en mente o si ya trabajan con alguien, y a partir de esto empezar a hacer eventos juntos, estos intercambios. Yo estoy recibiendo a alguien del doctorado acá de la Escuela en São Paulo y también ya estoy empezando a ver quién puede venir de São Paulo para acá, también en Chile. Entonces la idea es fortalecer las conexiones que ya hay y promover nuevos puntos de contacto para que la gente también trabaje más junta.
Finalmente, me gustaría invitar a los académicos de la Universidad de Chile, también a los estudiantes, que conozcan más a la Facultad de Salud Pública de la USP y consideren la posibilidad de ir a Brasil a hacer parte de su maestría, de su doctorado con nosotros, a trabajar juntos en investigación, pero también en la transición de las investigaciones hacia las políticas, a las intervenciones, a las investigaciones que no solo exploren el problema y reconozcan el problema de invisibilidad, sino también empiecen a buscar y encontrar las soluciones para estos problemas. Eso deseamos, y espero que podamos vivir aún muchas cosas buenas de las colaboraciones que ya tenemos y que vamos a empezar.

