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Columna en el Día Mundial de Salud

Nuestro planeta, nuestra salud

Nuestro planeta, nuestra salud

La salud del planeta está completamente ligada a la vida. La vida en todos sus sentidos, no solo la vida humana. La salud planetaria hace alusión a la armonía que existe entre el entorno natural, las especies, los seres vivos y la diversidad, entre otros elementos naturales, lo que nos permite reconocer los límites que tenemos con nuestro planeta y del cual dependen también nuestros sistemas sociales, económicos, políticos y de salud.

Según el Instituto de Salud Global (ISGlobal) “el estudio de la salud planetaria, es una nueva aproximación al conocimiento de la interdependencia entre la actividad humana y los sistemas naturales como el agua, el aire, la tierra o la biodiversidad y su impacto en el bienestar de las personas”, definición que nos permite reflexionar y reconocer que el medioambiente y la salud pública no debieran ser abordados de forma separada.

El alcance de nuestro patrón de consumo global excede la capacidad de nuestro planeta para absorber nuestros desechos o proporcionar los recursos que estamos utilizando de manera sostenible. Esto está afectando a la calidad y cantidad de los alimentos que producimos, la calidad del aire, de los suelos y del agua, la exposición a fenómenos meteorológicos extremos, las amenazas a las enfermedades infecciosas, como la actual pandemia, e incluso a la habitabilidad de algunas regiones del planeta, entre muchas otras cosas. Todo esto, nos debiera llevar a reflexionar como sociedad acerca del impacto ambiental que ocasionamos con nuestros modelos de progreso, pero también acerca de los beneficios y la relación entre cada elemento de la naturaleza para lograr el equilibrio natural.

La evidencia científica ha entregado conocimiento consistente sobre lo que debiéramos hacer, ya sea sobre la energía renovable o la producción de alimentos, así como las enormes oportunidades de ser mucho más eficientes en la forma de producir y consumir alimentos, fabricar, construir y diseñar nuestras ciudades para minimizar nuestra huella ambiental. En la mayoría de los casos, hay enormes beneficios asociados con hacer las cosas de manera diferente, por ejemplo, la reducción del consumo de carne y aumento de la ingesta de alimentos de origen vegetal, es más saludable para las personas, o la producción de energía renovable mejorará nuestra calidad del aire, muchos de los posibles cambios tienen beneficios para la salud o la economía.

Reconociendo que se han planteado diversas formas de cambiar nuestros modelos de progreso hacia una menor carga ambiental de nuestro planeta, lo que se requiere es un “gran giro” social, comenzando por quienes toman decisiones, aquellos que generan políticas públicas deben evaluar si las políticas o acciones afectan en el corto o largo plazo el medio ambiente y la salud de las personas actuales, sin perder de vista las generaciones futuras.

Una reflexión final acerca de la actual pandemia de COVID-19 y su relación con el aumento de la exposición de las personas a patógenos animales producto de prácticas como la desforestación y la degradación de los hábitats, nos debe enseñar que debe cambiar la relación entre los seres humanos y la naturaleza hacia una relación de interdependencia, así como hacernos ver más claramente la conexión entre nuestra salud y el medio ambiente. En este sentido, debemos crear consciencia social de que la protección del medio ambiente es una estrategia esencial para evitar otras crisis importantes de salud en el futuro.

Finalmente, y en relación a esto último, hay que reconocer la capacidad de los países y comunidades de todo el mundo de cambiar su comportamiento a nivel global y colectivo en respuesta a una amenaza. En este sentido creo que, si los problemas que afectan la salud de nuestro planeta son globalmente reconocidos como una amenaza, podría hacer posible que las sociedades se organicen y cambien sus modelos de progreso y formas de vida hacia un equilibrio natural con nuestro medio ambiente y nuestro planeta.

Karla Yohannessen Vásquez
Profesora Asistente.
Escuela de Salud Pública, Universidad de Chile
Doctora en Metodología de la Investigación Biomédica y Salud Pública, Universidad Autónoma de Barcelona, (2016-2021)

 

 

 

 

 

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