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Nuevo artículo publicado: Investigación y Comunidad

Estudio de la Universidad de Chile revela las barreras y prácticas de salud sexual en la población migrante haitiana

Nueva publicación Salud sexual de migrantes haitianos en Chile

El ejercicio de la salud sexual y el acceso a una atención digna constituyen un derecho humano fundamental, un escenario que se complejiza en los contextos migratorios debido a las trayectorias de vida, las barreras idiomáticas y los factores culturales del país de origen. Con el objetivo de caracterizar este fenómeno en Chile, un equipo multidisciplinario liderado por la profesora Julieta Belmar Prieto, del programa de Epidemiología, junto a Mauricio Fuentes A., del programa de Bioestadística —ambos académicos de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile—, desarrollaron un exhaustivo estudio secuencial de métodos mixtos centrado en residentes haitianos de la Región Metropolitana. La publicación, que contó además con la autoría de Kenny Low Andrade, Laia Ferrer, Claudia P. Cortés, Valeria Stuardo Ávila, Loreto Pantoja y Nosika Janvier, aporta valiosa evidencia sobre las prácticas de autocuidado corporal, los exámenes preventivos y el manejo de infecciones.

El artículo publicado oficialmente online en Culture, Health & Sexuality y llamado Sexual health care perspectives and practices among Haitianmigrants in Chile, es una investigación incluyó una etapa cualitativa con 33 entrevistas semiestructuradas y una fase cuantitativa basada en una encuesta aplicada a 251 personas. Los hallazgos exponen cómo las concepciones sobre el bienestar íntimo y la salud reproductiva están fuertemente arraigadas en la medicina criolla haitiana y el pluralismo médico. Por ejemplo, en lo respectivo al cuidado genital femenino, se documentó la vigencia de tradiciones orientadas a la limpieza y el autocuidado corporal, influenciadas por normas de género y expectativas de aprobación masculina. Asimismo, la menstruación suele ser catalogada como un proceso incómodo donde se recurre de forma recurrente o episódica a infusiones herbales, baños de vapor y a la automedicación con antibióticos como la amoxicilina bajo la creencia de que se experimenta una infección genital. 

Desafíos en el acceso a exámenes preventivos y tensiones en la percepción del VIH

A mitad del análisis, los datos reflejan que las vías de atención institucional en Chile, tales como el control del embarazo, el parto y la planificación familiar, representan la principal puerta de entrada para que las mujeres haitianas accedan a exámenes preventivos como el Papanicolaou o el test de VIH. Según la encuesta, el 81,7% de las mujeres se ha realizado un Papanicolaou alguna vez, vinculándolo mayoritariamente al contexto de la maternidad, aunque persiste confusión entre este procedimiento y el examen ginecológico general.

Una de las entrevistadas de 37 años explicó esta mirada integral desde su cultura: "Me hice la prueba de Papanicolaou porque me estaba preparando para tener un hijo. Cuando una mujer planea quedar embarazada, debe hacerse estas pruebas para saber cómo nacerá el bebé y asegurarse de que no tenga ninguna deficiencia. También sirve para garantizar su propia salud. Si tuviera alguna enfermedad genética o algún problema en el útero, la prueba de Papanicolaou me lo indicaría. Así que podría saberlo antes de quedar embarazada. Por eso me la hice". Por el contrario, en la población masculina se identificó un marcado desconocimiento o falta de interés por la atención urológica o preventiva; de hecho, la principal razón por la cual los hombres se someten a un test de VIH se debe a una solicitud de su empleador (25,0%).

La investigación también profundizó en las representaciones sociales de las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS) y el VIH, evidenciando una baja autopercepción del riesgo cuando existe una pareja estable y una persistencia de estigmas profundamente negativos. Aunque la mayoría identifica correctamente las vías de transmisión biomédicas —como el contacto con sangre o las relaciones sexuales sin protección—, más del 50% de los encuestados aún cree erróneamente que el VIH se transmite al compartir inodoros o utensilios de comida, coexistiendo además explicaciones de carácter espiritual o mágico. Esta fuerte carga social y el miedo a una muerte inevitable condicionan tanto la búsqueda del diagnóstico como la disposición a revelar la condición de salud. Reflejando esta tensión entre la responsabilidad afectiva y el temor a la discriminación, un hombre de 35 años, de zona urbana y sin afiliación religiosa, declaró: "Depende del tipo de pareja. Si es una pareja estable, le debo una explicación (…) porque tendría que explicarle por qué de repente quiero usar condones, y también para evitar tener hijos con VIH (…) contagiarlo podría generar remordimiento. Si es solo una pareja ocasional, nada serio, no se lo diría. Sin embargo, usaría condones para no infectar a todos a mi alrededor. No, no diría nada, al menos para preservar mi reputación".

Finalmente, en el ámbito de la planificación familiar, el estudio observó un aumento en el uso de métodos modernos en comparación con las cifras reportadas históricamente en Haití. Sin embargo, se mantiene una marcada desconfianza hacia los métodos anticonceptivos no naturales u hormonales, asociándolos de forma errónea con la infertilidad, dolores de cabeza o transformaciones físicas negativas en la zona genital.

Las dificultades administrativas, las barreras idiomáticas y los tiempos de espera en los centros de atención primaria (CESFAM) configuran el escenario de tensiones remanentes que este artículo científico invita a subsanar, abogando por estrategias de salud pública que dejen de considerar estas prácticas tradicionales como carentes de racionalidad y comiencen a integrarlas de forma empática y culturalmente sensible dentro del sistema sanitario chileno.

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